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sábado, 31 de diciembre de 2011

un año más, felices ... un año más felices

Suelo ser bastante echada p'alante, y casi siempre al tomar decisiones hago bastante caso a la primera respuesta que sale de mi interior, de ese sitio impreciso un poco más arriba del estómago y más abajo del corazón. El 20 de diciembre tomábamos una decisión inesperada y aparentemente dura: retrasar el inicio de las obras de reforma de micasaenlisboa: el momento no es el mejor. A veces hay que ser prudente y medir TODAS las fuerzas implicadas en una historia, y no sólo las que creemos que tenemos. La decisión salió de ese sitio impreciso, y del crudo análisis de la realidad que nos rodea, que parece reinventarse cada media hora, como si este mundo en que vivimos no supiera en qué se quiere transformar. Después de tantos años a la espera, ahora que parecía todo despejado para empezar, no ha sido fácil, pero sí la mejor decisión tomada en mucho tiempo.

Einstein dijo una vez algo así como que el mundo que hemos creado no podrá cambiar nunca si seguimos pensando del mismo modo en que pensábamos cuando lo creamos. Como todos, los meses pasados he dado muchas vuelas a todo ese cambio que parece que se está gestando, y que cada día estoy más convencida de no va a suceder, porque seguimos (qué se le va a hacer!) pensando igual (o peor) que pensábamos cuando lo creamos. No es pesimismo: es que prefiero contemplar la realidad y extraer de ella lo que voy encontrando de bueno. Y sí, hay mucho que no me gusta, pero intento minimizar su impacto con grandes dosis de contemplación de las maravillas que me rodean.

Hace unas semanas presenté un proyecto al que ando dando vueltas ante El Foro de la Ruina Habitada, un grupo de locos que, como yo, llevan adelante sus ideas más o menos descabellados en el mundo de la hostelería. Empecé la presentación con una frase de Confucio que me acompaña hace años:


"elige un trabajo que verdaderamente ames,
y no tendrás que volver a trabajar en la vida"

Ayer durante el desayuno, ha salido una vez más ese clasico de pregunta de un huésped: "ya te lo habrán preguntado muchas veces pero ¿tu cómo llegaste hasta aquí?". Y en medio del cada día más breve relato de los pasos que me trajeron a Lisboa, antes de que yo la pronunciara, el huésped que tenía enfrente, ante mi sorpresa, ha repetido la frase de Confucio.

La última tarde de 2011, para despedir el año, he hecho eso que tanto tanto me gusta y que tantas veces he disfrutado a lo largo de este año: ir a navegar el Tajo en el velero de Ricardo. El barco estaba libre de 2 a 4, y se me ocurrió que era una forma preciosa de celebrar con mis huéspedes el año nuevo, así que he invitado a un grupo de micasaenlisboa y de BaixaHouse a
una travesía. Ha sido como siempre una delicia. Al terminar me he quedado haciendo de "ayudante" en una segunda travesía rumbo al oeste para ver la puesta de sol con otros navegantes, y he compartido otro momento "Confucio" con Ricardo: hablando de la vida, del año que termina, y del que empieza, hemos vuelto una vez más sobre lo mismo: el placer que supone dedicarnos cada día a hacer algo que nos gusta tanto. De sol a sol. De lunes a domingo. De enero a diciembre. No es trabajo, es placer. A veces cansa, preocupa, agobia, es complicado, pero no por eso deja de ser un placer. Y en mi caso, y en el suyo, el placer es infinitamente superior al cansancio, la preocupación, el agobio o las complicaciones. Y ante cada traba descubrimos una oportunidad para enderezar el rumbo. Nos hemos despedido con un deseo de seguir haciendo cosas que nos gustan y que nos dan placer.

Este año ha sido lo que ha sido: con multitud de cosas buenas, algunas regulares y unas pocas que podían no haber pasado, pero que me han ayudado, como siempre, a apreciar mejor las buenas y a aprender de ellas.

Al año que empieza sigo pidiéndole lo mismo que a los anteriores:
Seguir acumulando momentos de absoluta felicidad
sin dejar de disfrutar de cada cosa que hago.
Y compartirlos con vosotros...
Ah! y como siempre, mucha risa para 2012... y que Confucio nos acompañe!

(Y como ha sido el año de mis "mini-videos" aquí os dejo unos cuantos, un resumen de las cosas que disfruto cada día. Espero haber aprendido bien la lección "blogueriana" correspondiente y que se vean bien.)









































sábado, 24 de diciembre de 2011

La mejor cena de navidad

La semana pasada leía en el blog de El Comidista de El País una entrada sobre "comidas viejunas". Me hizo gracia el post, y al leerlo comprobé que mi abuela María y sus banquetes navideños estarían de la más absoluta actualidad. Lo único que me gusta de estos días es que los paso con mi familia: no es fácil juntarnos, aunque no seamos muchos, vivir cada una de las hermanas en una ciudad diferente, hace que a veces los reencuentros sean tarea difícil. El resto de la parafernalia me la ahorraría con un par de excepciones: el pavo, la sopa de almendra, las vieiras gratinadas, ver a mis sobrinos hacer el ganso (ya han dejado de tener edad) para ganarse el aguinaldo, y el intercambio de regalos de la noche del 24.
Así que he decidido rescatar 3 recetas de la abuela, fotografiarlas mientras las preparábamos hoy, y transformarlas en una felicitación de Navidad. Las cantidades son para 12 personas:

Vieiras gratinadas:
12 vieiras con su concha, 1 cebolla grande, 50 grs. de harina, mantequilla, 1/2 litro de leche, sal, pimienta blanca y un poco de pan rallado.
Picar la cebolla fina, rehogar con un poco de mantequilla y cuando empieza a dorarse, añadir la harina, tostar junto y poco a poco incorporar la leche sin dejar de remover para que no se hagan grumos. Salpimentar y reservar cuando todavía no ha espesado demasiado. En el momento de servir, templar un poco, y repartir la bechamel sobre las conchas con las vieiras dentro, espolvorear un poco de pan rallado y gratinar en el horno. Nosotros las servimos con un par de langostinos gratinados en cada plato.


Pavo relleno de fruta:
1 pava (es más sabrosa que el pavo) de unos 4 kilos, cebollas, orejones, ciruelas pasas, uvas pasas sin hueso, 3 manzanas reineta, 1 cabeza de ajos, 2 litros de caldo de pollo, brandy, hilo de algodón grueso y aguja, 1 jeringuilla.
Lavar bien la pava, quitándole las vísceras, higados, riñones y todo lo que pueda tener en el interior. Limpiar o/o quemar los plumones que pudieran quedar en las patas. Pelar las manzanas y cortar en dados de 1,5 cm. salpimentar la pava por dentro y rellenar con los dados de pamnzana, ciruelas, uvas y orejones, apretando bien para que quede bien relleno. Coser con cuidado para que no se salga nada por delante ni por detrás.


Untar con aceite una bandeja de horno profunda y colocar el pavo, rodeándolo con cebolla cortada en trozos grandes, ajos enteros separados sin pelar y los trozos que hayan sobrado de manzana. Inyectar al pavo por fuera el brandy (este año se nos ha olvidado comprarlo y hemos inyectado un Glenfiddich reserva, que era el whisky favorito de mi padre) . Salpimentar por fuera y poner al horno a 180º media hora. Poner el caldo a calentar en el fuego, y cuando pase esa media hora, empezar a regar cada 15 minutos el pavo con un par de cucharones de caldo. Normalmente hay que asarlo durante 1 hora por cada kilo de peso. Este de hoy estará listo por la tarde, un par de horas antes de cenar. Se saca del horno cuando está listo, y justo antes de servirlo, se le da un golpe de horno caliente para que se temple un poco.


Sopa de almendra
6 paquetes de pasta de almendra, 1,5 litros de leche, 250 grs. de azúcar, pan del día anterior y canela
Cortar el pan en rebanadas finísimas y colocar al fondo de una sopera o de los cuencos en que se vaya a servir. Deshacer la pasta de almendra en la leche al fuego. Añadir el azúcar y dejar dar un hervor. Retirar del fuego y verter sobre la sopera (o los cuencos). Espolvorear de canela y dejar enfriar a temperatura ambiente. Cuando está frío, colocar en el frigorífico para servirlo frío.


Estas recetas sólo tienen un problema:
hay que esperar un año completo para volver a disfrutarlas.
No sabrían igual si no es con algún sobrino enredando,
con el mensaje del Rey de fondo mientras se pone la mesa,
con los olores mezcándose en la cocina,
y con todo bien empantanado.
¡Buena noche para todos!